De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Salud (INS), entre enero y septiembre de 2025 se realizaron 1.042 trasplantes en el país, mientras que más de 4.100 pacientes permanecen en lista de espera. De ellos, 3.858 necesitan un riñón, 166 un hígado y 46 un pulmón. A esto se suma que la tasa de donación en Colombia es de apenas 7,4 donantes por millón de habitantes, un indicador que aún está por debajo de los estándares internacionales.
Detrás de estas estadísticas hay historias como la de María Fernanda López, una niña de Campamento, Antioquia, quien fue diagnosticada a los tres años con trombosis de la vena porta, una enfermedad que bloquea el flujo de sangre hacia el hígado. La complejidad de su caso obligó a los especialistas a considerar un trasplante multivisceral, un procedimiento de alta complejidad en el que también se reemplaza el intestino.
Tras siete años de espera, múltiples hospitalizaciones y un progresivo deterioro en su estado de salud, la menor recibió el trasplante que necesitaba en febrero de 2024. Hoy ha retomado su vida cotidiana y continúa bajo seguimiento médico sin presentar complicaciones.
Especialistas de la Fundación Valle del Lili explican que este tipo de intervenciones requieren la participación coordinada de más de 70 profesionales de distintas áreas, además de una compleja logística para garantizar que los órganos lleguen a tiempo y en condiciones adecuadas.
Los expertos también recuerdan que el proceso no termina con la cirugía. Los pacientes necesitan controles permanentes, medicamentos inmunosupresores y un acompañamiento especializado para evitar el rechazo del órgano y garantizar una mejor calidad de vida.
La historia de María Fernanda refleja la importancia de fortalecer la cultura de la donación de órganos en el país, una decisión que puede representar una segunda oportunidad para miles de personas que siguen esperando un trasplante.