La reliquia pertenecía al padre Nevardo Cataño, de la parroquia Nuestra Señora de los Dolores, en el barrio La América. Había sido prestada a la congregación Los Caballeros de la Cruz para una actividad religiosa de las fiestas patronales, pero fue robada a mediados de septiembre.
La recuperación se produjo durante un operativo de control en establecimientos de venta de artículos religiosos en Armenia. Los uniformados identificaron la figura y establecieron que había llegado a la ciudad después de que un artesano la comprara en un negocio del sur del Valle de Aburrá. El comprador aseguró desconocer su procedencia.
La coronel Martha Liliana García, subcomandante de la Policía del Quindío, entregó la imagen a la parroquia. No obstante, según medios locales, el sacerdote considera que el robo y la elaboración de una copia afectaron el valor original de la reliquia.
Aunque la Policía logró recuperarla, su devolución terminó en una situación inesperada para las autoridades y la comunidad religiosa.



