De acuerdo con la UPME, la refrigeración representa cerca del 45% del consumo eléctrico residencial en clima cálido, 52% en clima templado y 49% en clima frío. En las zonas cálidas, además, la ventilación puede representar 28% del consumo.
Por eso, los principales “vampiros” de energía no necesariamente son los cargadores o televisores en modo de espera. Según Jhony Ospina, CEO de Sagy, estos consumos representan una proporción pequeña frente a equipos que funcionan durante varias horas, como neveras, sistemas de refrigeración o duchas eléctricas.
Una nevera antigua e ineficiente puede generar un consumo considerable, aunque cambiarla por una nueva no siempre resulta rentable. Antes de hacerlo, los expertos recomiendan comparar el consumo del equipo actual con el de uno eficiente y calcular cuánto tiempo tomaría recuperar la inversión mediante el ahorro en la factura.
También es importante revisar los empaques de la nevera, evitar ubicarla donde reciba directamente el sol y garantizar una adecuada ventilación. En la lavadora, se aconseja utilizar cargas completas y, cuando sea posible, agua fría.
La ducha eléctrica es otro punto crítico. Reducir el tiempo de baño puede disminuir el consumo, mientras que reparar fugas y utilizar dispositivos de bajo flujo también ayuda a controlar el gasto de agua.
En el caso del aire acondicionado, se recomienda mantener una temperatura cercana a los 24 °C y realizar mantenimiento periódico, ya que filtros y condensadores sucios pueden aumentar el consumo.
A estas medidas se suma el programa transitorio de la CREG, que establece una meta individual de consumo para los usuarios regulados. Superar en más de 10% esa meta puede generar cobros adicionales, mientras que un consumo inferior al 90% puede generar un ahorro reconocido.
Con El Niño fortaleciéndose, revisar la factura, identificar los equipos que más consumen y modificar algunos hábitos puede ser clave para evitar que el aumento del consumo termine convirtiéndose en un golpe adicional al bolsillo.



