A todas luces se vislumbra como una guerra sucia”.
Es curioso cómo algunos cuadros directivos del Centro Democrático, empezando por la senadora María Fernanda Cabal, así como muchos de sus seguidores y simpatizantes, profesionales todos, algunos con distinciones académicas importantes y postgrados cursados en prestigiosas universidades públicas o privadas, cristianos convencidos y practicantes, celebran a rabiar la muerte de sus contradictores ideológicos y políticos, haciendo un brutal escarnio de los mismos sin consideración alguna a su condición de seres humanos fallecidos o a la situación dolorosa que una muerte pueda significar para sus deudos y allegados.
Resulta muy significativo que esas iracundas voces se solacen con la muerte de líderes controversiales como el comandante de la revolución cubana Fidel Castro Ruz, no por los males que él mismo hubiera podido causarles, contrario a los odios que se incuban en la Pequeña Habana de Miami, sino por lo que el fallecido líder significa para sus intereses personales y de clase, en un momento tan especial para nuestro país cuando sigue en juego el proceso de paz que implementará el Congreso colombiano.
Porque es un hecho que a los señores del Centro Democrático, no les interesa que se ejecuten los Acuerdos de La Habana ya que ellos consideran que a partir de la puesta en marcha de lo pactado se ponen en entredicho los beneficios tradicionales que detentan, unos como propietarios de las mejores tierras del país, y otros como recientes usufructuarios de las nuevas fortunas generadas por el narcotráfico o por el paramilitarismo. Privilegios que están dispuestos a defender desde la legalidad o desde las acciones de eliminación física o moral de sus opositores.
Prueba de lo anterior son las muertes y los atentados ocurridos por todo el territorio nacional contra líderes sociales, defensores de los Derechos Humanos, miembros activos de Marcha Patriótica, entre otros, y que tuvo su más reciente víctima, al momento de escribir esta nota, en la persona de la líder comunal Marcelina Camacue asesinada de tres balazos el Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer, 25 de noviembre, en el suroccidente del departamento del Huila y que a todas luces se vislumbra como una guerra sucia que tiene como objetivo sabotear el proceso de paz.
Sería muy significativo para nuestra democracia que esos mismos que vociferan celebrando la muerte de quienes consideran sus enemigos, condenaran de igual forma el asesinato de compatriotas humildes comprometidos en la defensa del patrimonio de sus regiones y de sus territorios.





