La piedra de Villegas

Don Luis Eduardo Villegas fue un típico finquero antioqueño que se hizo a su pedazo de tierra por allá en los lados del Peñol, oriente...


henry delgadoDon Luis Eduardo Villegas fue un típico finquero antioqueño que se hizo a su pedazo de tierra por allá en los lados del Peñol, oriente antioqueño, pensando siempre que ella le daría para criar a su prole y vivir tranquilo con sus vacas, cuatro matas de café y yuca, ¿para qué más? Solo que el destino le tenía guardada una muy grata sorpresa, en ese terreno había brotado una singularidad geológica de magnificencia única: la piedra del Peñol, un afloramiento (sale de la tierra) de 220 metros de altura, en sólida piedra compuesta principalmente de cuarzo, feldespato y mica que irradia fuerza a toda la región.

Pues bien, para 1954 don Luis Eduardo se arriesgó a treparla por la única ranura que posee la roca y lo logró, como todo un montañista paisa, no como un “alpinista” europeo, como reza la placa que le rinde homenaje al bueno de don Luis Eduardo.

Allá en la cúspide de esa roca debió pensar que un paisaje como el divisado no debía ser solo para él, sino también para todo el mundo, ahí estaba el negocio socio, y sus hijos lo hicieron realidad.

Visité la piedra cuando el hombre llegó a la luna y en Buga una destartalada plaza de toros se venía al suelo dejando varias víctimas entre los restos de madera y guadua resquebrajadas; corría el año del Señor de 1969.

El paisaje en el oriente antioqueño era sustancialmente diferente al de hoy, carreteras destapadas, potreros, lunares de bosques y uno que otro cultivo, a la piedra se llegaba por un camino de herradura y se subía por la misma ranura, solo que -al contrario de hoy, con gradas de cemento- se ascendía por escalas del mismo material de la plaza que se cayó en Buga, allí me encontraba haciendo parte del grupo de teatro de doña Olga Uribe de Cedeño y su obra “La madre loca”.

Nos presentamos en el pequeño teatro de El Peñón, una población de hermosas casas solariegas de estilo colonial-republicano, zaguán y patio central con jardín y, por supuesto, parque de cuadratura, arbolado e iglesia católica notoria.

Todo el pueblo fue anegado con las aguas para la represa de Guatapé y El Peñón fue refundado en otro sitio, la comunidad no se quiso separar, como querían los dueños de la hidroeléctrica y el pueblo se quedó sin historia.

Regresé casi 47 años después y los paisas han convertido esa región en un emporio turístico que da envidia, Guatapé vive del turismo y su pueblo es una paleta multicolor con frisos que brotan de sus zócalos contando temas populares.

La piedra es una moderna torre de Babel donde visitantes de todo el mundo llegan a subir sus 740 escalones, después de pagar 15 mil pesos, una mina de oro; para llegar a una cima donde le han construido un esperpento de mirador, horrible, pero desde allí se divisa todo el archipiélago de islotes del embalse, un paisaje hipnótico.

delgadorivera@hotmail.com


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