La marcha de un visionario

Gran consternación causó
 a las gentes del
 occidente colombiano la muerte 
del empresario 
Jack Olivier, de
origen suizo pero centrovallecaucano de corazón, región a...
Higo Bolivar

Higo Bolivar

Gran consternación causó
 a las gentes del
 occidente colombiano la muerte 
del empresario 
Jack Olivier, de
origen suizo pero centrovallecaucano de corazón, región a la
 que le había entregado toda su
 vocación de progreso, especialmente a Tuluá
 donde dejó huella de desarrollo empresarial y urbanística. La muerte solo sirve para confirmar la fragilidad de la vida. Hace unos pocos días, la muerte arrancó del lado de su familia a quienes manifestamos nuestra condolencia, y de una región que lo admiraba, a una persona visionaria con quien compartimos un sitio bajo el cálido sol del Valle del Cauca.

Consciente de su inmensa capacidad empresarial y comercial y de su profunda cultura, la cual ejercía serenamente, casi que con timidez. Curtido en las grandes faenas empresariales, como Comestibles La Rosa, en Dos Quebradas, Risaralda y sus dotes gerenciales lo llevaron a Nestlé de Bugalagrande.

Parece que todo lo iniciaba en silencio, pues no era amigo de los grandes espavientos para sus proyectos. Así nos dejó, entre otras manifestaciones de su corazón, el Centro Comercial Tuluá, el Parque Industrial Tuluá, y sus grandes realizaciones urbanísticas como Ciudad Campestre y la urbanización Villa Campestre. La ciudad de Tuluá, en el aspecto urbanístico de estas dos últimas realizaciones, era la imagen de su ordenada personalidad. Sabía, iluminado con la fortaleza de su espíritu visionario, la importancia del desarrollo urbanístico para el futuro, ya que las ciudades día a día incrementan su población, sin contar con la ruralización de las mismas, por el desplazamiento forzado de nuestros campesinos.

Jack Olivier era lo contrario de algunos seres oscuros, su vida fue siempre diáfana, transparente, sin una sola mancha de duda, era el monumento en vida a la honradez, de grandes calidades morales y humanas, quien necesitaba de su consejo o apoyo, podía contar con él. La limpieza de su nombre llegó sin sombras al final de su trecho vivencial.

La agricultura, la ganadería y la avicultura contaron con su desarrollo tecnológico, siempre estaba con los últimos adelantos de la técnica especialidad en su respectivo orden.

Jack Olivier vino a Colombia directamente de Suiza, siempre neutral, y así se presentaba ante la faz del mundo. Un país con gran visión comercial e industrial, sus nacionales llevan en el alma la convicción de hacer cosas grandes e innovadoras y él fue la imagen de su nación.

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