Fósil del fuego

Carmesí, púrpura, escarlata, rojo. De esta manera inicia el maestro Rayo un breve texto fechado en 1996 en Nueva York, texto que prologa...

harold moraCarmesí, púrpura, escarlata, rojo. De esta manera inicia el maestro Rayo un breve texto fechado en 1996 en Nueva York, texto que prologa su exposición que tiene como eje temático al citado color, con sus distintos matices. Color que según el maestro fue invisible para los aborígenes de América, pero cargado de un importante valor mitológico y religioso.

Se agregaría que al igual que la bella región de Roldadillo, que vio nacer al pintor, el rojo es un color cálido, que podría significar muchas cosas: poder en el ámbito de los ostentosos retratos de la monarquía renacentista; pasión en el arte romántico, erotismo en los desnudos del arte europeo. Para los antiguos caballeros templarios, el rojo representaba la sangre vertida de Cristo. En un plano similar, en la mayoría de las banderas del mundo, dicho color simboliza la sangre derramada en el campo de batalla por mártires, próceres, inocentes y culpables.

El rojo es el color de la sangre que fluye por las arterias humanas, es la tonalidad que cubre las alfombras, que mandatarios y celebridades rozan con su pies cuando las recorren en imponentes desfiles, que abundan en este mundo contemporáneo. Además, se podría pensar que el color en comento es, en parte, el responsable de la inspiración que las rosas de este matiz provocan en la mente de notables poetas; no en vano, es el color del amor -diría Benedetti-.

De igual modo, el rojo cubre los labios de novias y novios, quienes provocados por la intensidad de este color, funden sus bocas en la profundidad de un beso; es el padre del color rosa y de muchos otros tonos que denotan pasión y fuerza y al igual que en la exposición, avasalla sutilmente al blanco, al negro y al gris, seduciendo el ojo del espectador hasta sumirlo en contemplación o hacerlo llorar de placer.

Desde el pasado 2 de agosto hasta el 26 de septiembre, gracias a la generosidad y gestión del Museo Rayo, que permite proyectar el arte a la comunidad, se podrá observar en la Casa de la Cultura de Tuluá, la exposición “Fósil del fuego”, que cuenta con 24 obras de acrílico sobre papel, fechadas en 1997. Estas enseñan una serie de trabajos de abstraccionismo geométrico, que amalgaman colores, que -con excepción del rojo-, tradicionalmente han sido marginados del universo del arte: blanco, negro, gris.

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