Entre finales e inicio de año dos novelas de sendos autores colombianos alimentaron mi voracidad lectora, se trata de “Rebelión de los oficios inútiles” de Daniel Ferreira y de “La guerra perdida del Indio Lorenzo” del recién fallecido Rafael Baena.
La novela de Ferreira da cuenta desde la ficción de la forma como las fuerzas estatales tratan las protestas y movilizaciones sociales en este país camandulero e hipócrita.
Para muchos la historia contada por el santandereano será solamente una narración de puño alzado y sin duda lo que se narra en esta obra que fue Premio Clarín de Novela en el 20014, es un episodio al que continuamente se enfrentan miles de colombianos sin techo, sin educación, sin salud, excluidos totalmente de un Estado que dice ser social y de derecho pero que se ha convertido, gracias a la corrupción y a la rapiña de quienes detentan el poder económico y político en el país, en una masa de trabajadores informales que le apuestan a lo que sea con tal de sobrevivir, lo que alimenta la poderosa maquinaria politiquera que se afianza a través de la miseria y la desesperanza.
Pues bien, la novela en comento pone de presente lo que sucede cuando un movimiento social y sus líderes deciden enfrentar estas carencias y reclamar por los derechos que constitucionalmente les pertenecen.
Es una historia bien contada que descorre nuestras miserias y que no teme abordar lo político a costa de que se lo señale como un “novelista comprometido” como un eufemismo para descalificar su limpia y honesta manera de hacer literatura.
Por su parte la novela de Baena vuelve a tratar un tema que se ha silenciado en la historia de Colombia, como es la Guerra de los Mil Días.
“La guerra perdida del Indio Lorenzo” pone de presente, como ya lo había hecho en la “Bala perdida”, las atrocidades cometidas por la hegemonía conservadora al enfrentar la rebelión radical después de la entrega de Núñez del poder real del Estado al clero y a la facción más beligerante del partido conservador.
Pero también señala la incapacidad y la mediocridad de los dirigentes liberales tan clasistas y señorones como sus enemigos los godos.
Sí las rencillas y los egos de los pretendidos generales radicales no hubieran entorpecido y dado al traste con las acciones militares de Palonegro y con la gesta de los nativos panameños por la causa liberal, otra sería la historia de un país que en nombre de todas las creencias e ideologías ha sufrido continuamente todas las tragedias.
Es muy lamentable que un escritor de los quilates de Rafael Baena haya muerto tan joven llevándose de paso un impecable estilo y muchas historias que tendremos que buscar en otras fuentes.
