Un andaluz cuyo mayor orgullo era regresar a su patria chica montado en una limusina, lo cumplió la semana pasada cuando sus paisanos se sorprendieron al ver a un inmenso vehículo blanco dándole vueltas a la plaza principal con vidrios polarizados que impedían ver su interior donde su ocupante departía con sus familiares henchido de orgullo.
Esta historia nos la contó un allegado que nos pidió la reserva del nombre del andaluz que una vez cumplido su deseo regresó a la costa francesa donde ahora reside.











