por: El Tabloide · 27 diciembre, 2016
“…las facultades entregadas al alcalde Vélez, por parte de los concejales, podrían ser un cheque en blanco…”
Desde hace muchos años se ha venido planteando una reforma constitucional que modifique la conformación del Congreso de la República y de organismos como las Asambleas Departamentales y los Concejos Municipales, estos dos últimos escenarios democráticos han perdido su funcionalidad y sus decisiones como diría el hoy notario Javier Fernández Botero son auténticos saludos a la bandera.
Otrora tanto las dumas como los cabildos estaban integrados por lo más selecto de la sociedad, algunos con formación académica y otros sin ella pero con alto sentido altruista que daban batallas cívicas en pro de grandes causas sociales y comunitarias.
Al redactar esta columna me acordé del parlamentario nariñense Parmenio Cuéllar quien refiriéndose tanto al papel de las asambleas como los concejos decía que estas tenían funciones muy limitadas y se agravaba el panorama cuando entregaban las facultades a los alcaldes y gobernadores pues con esa decisión desaparecía su razón de ser.
En el caso de nuestra parroquia, el Concejo le entregó facultades protempore al alcalde Gustavo Vélez con unos alcances que resultan inmedibles y que como dijo uno de los ediles habrá que esperar qué uso le dará el burgomaestre a ese mandato amplio y generoso.
Como tulueño que soy tengo la fe puesta en que ese uso será el mejor y que con el pasar de los meses se desvirtúe la respuesta del abogado Jorge Montes quien ante una pregunta de un periodista de esta villa dijo sin titubear que las facultades podrían ser un cheque en blanco.
Sin duda alguna cuando un Concejo entrega plenamente sus facultadades se está autolimitando y el cacareado control político del que hablan se queda en un formalismo insulso. Solo basta con mirar la historia reciente para recordar que ni siquiera los funcionarios que hacen parte del gabinete asisten a las sesiones, se excusan y de manera sote-rrada se burlan de sus controladores.
En el caso de Tuluá donde el debate es mínimo y el poder de controvertir gira en torno a cuatro o cinco el panorama es mucho más complicado pues sin el mayor esfuerzo el ejecutivo ejerce el control apoyado en una coalición generosa y poco deliberativa.
No estoy insinuando que se atraviesen como “vacas muertas” al desarrollo de las iniciativas del ejecutivo o que como diría un romántico de la política “le pongan palos a la carreta del progreso”, sólo creo que el de Tuluá y los demás Concejos y Asambleas del país deberían prepararse para el análisis, la discusión y la controversia a favor de la ciudadanía.
Para centrarme en esta Villa de Céspedes debo decir que me preocupa sobremanera la reforma al Estatuto Tributario pues al leerlo a vuelo de pájaro y escuchar a conocedores del tema me parece que tendrá un gran impacto en la economía de los tulueños de todos los estratos.
Considero en mi humilde opinión, que este tema debe discutirse en período de ordinarias y no en extraordinarias porque se limita en su accionar, el debate no es amplio y la retroalimentación de los ponentes es mínima.
Ahora bien, si en el Congreso de la República hace tránsito una reforma estatutaria que no sabemos cómo saldrá aprobada ¿No sería conveniente postergar la local para que no quede desac-tualizada? es una preguta que dejo ahí flotando y que ojalá resuelvan los Ho-norables Concejales de esta Villa.
cahucagrande@yahoo.es



