1-Se prendió el debate en Colombia luego de que el Honorable Senado de la República en primer debate aprobara el proyecto de ley que le abre las puertas a la participación de los funcionarios públicos en política, es decir legaliza una práctica que desde los principios de nuestra democracia se ha dado bajo cuerda y en algunos casos de manera frentera y casi que descarada.
Para una patria como la nuestra donde solemos ser santanderistas con una ley para cada cosa, resulta sano que se proponga una discusión amplia y generosa sobre un tema que junto al sexo resulta todo un tabú.
Desde mi papel de observador de la cotidianidad he podido comprobar cómo los funcionarios de menor y de alto rango hacen política electoral, pues saben que es la única manera de permanecer en los cargos o acceder a los contratos laborales y por eso me parecía ridícula la prohibición.
Es normal que un tema como este genere polémica y lleve a muchos a rasgarse las vestiduras, pero no debemos tener temor de dar este paso y ponernos al nivel de otras democracias del mundo donde hay libertad para hacer efectiva la participación en las contiendas políticas. Lo que si debe hacer el Congreso de la República es legislar con claridad frente a las prohibiciones y restricciones de aquellas acciones que no se pueden adelantar dentro de las dependencias oficiales y dotar a los entes de control de las herramientas legales para meter en cintura a quienes usen de manera irregular los recursos del erario con fines politiqueros.
2- Como alguien que vive con intensidad el acontecer nacional, me resulta impajaritable escribir unas líneas para referirme a la bochornosa actuación del flamante presidente de Ecopetrol, quien pordebajió a un estudioso docente, que esgrimiendo argumentos le demostró al super funcionario que la intervención de La Macarena era inconveniente para el futuro del ecosistema.
Al emperifollado funcionario le salió el tiro por la culata y no solo debió excusarse públicamente sino que para su infortunio la licencia fue suspendida de manera indefinida.
Que el hábito no hace al monje dice la célebre frase y en el caso del presidente petrolero quedó demostrado que los títulos no hacen mejores a las personas.
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