Migración incierta

Entristece mirar en los noticieros de televisión las interminables filas de personas de Siria que recorren inhóspitos parajes, dejando atrás huellas de dolor para reemplazarlas...

harold moraEntristece mirar en los noticieros de televisión las interminables filas de personas de Siria que recorren inhóspitos parajes, dejando atrás huellas de dolor para reemplazarlas por alternativas gratificantes.

Sin embargo, no siempre logran estas metas debido a las rejas físicas o simbólicas que algunos países europeos instalan para bloquear el ingreso de los migrantes.

Otros migrantes abordan embarcaciones para escapar de los mencionados tormentos, pero en su intento han naufragado en aguas turbulentas, intensificando con ello su dolor.

En efecto niños y adultos han encontrado en este recorrido marítimo el final de sus vidas.

Hechos como estos provocan estos interrogantes: ¿Qué acciones podrían adelantar organismos internacionales para mejorar las condiciones de vida de estos migrantes en su tierra natal y evitar éxodos masivos como los descritos?, ¿qué principios humanísticos subyacen en las políticas de gobierno de los países que provocan estas migraciones?, ¿por qué los niños tienen que pagar, incluso con sus vidas, los actos de los adultos? Desde luego se podrían plantear otras preguntas, pero éstas bastan para ilustrar el punto en cuestión.

Es un hecho innegable que la vida y las condiciones dignas que la deben acompañar han de ser una preocupación de cualquier sistema de gobierno.

No tomar las previsiones del caso para generarlas sería un error monumental que la historia registraría sin reserva y que Dios o los principios que guíen a los gobernantes sabrán cobrar sin dilación.

Después de todo, la vida es efímera y la pasamos en un espacio del cual somos simples itinerantes. Por tanto, no se justifica pugna alguna por cuestiones de ideología, raza o de cualquier otra índole, dada la referida interinidad.

Más bien, todo esfuerzo ha de centrarse en disfrutar las bondades que la existencia nos entrega, generando para ello las mejores condiciones de coexistencia, con base en una férrea estructura social, económica y afectiva.

Conviene recordar que el hombre no está conformado solo por cuerpo y cognición, sino también por afectividad e incluso magia, según estudios recientes sobre este tema.

De allí la importancia de mejorar al máximo las precitadas condiciones para dignificar la vida humana.

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