La pulga en la oreja

Hace más de 50 años que el escritor Vargas Vila escribió un pequeño libro sobre el ocaso de los partidos políticos y ha...

sergio ramirezHace más de 50 años que el escritor Vargas Vila escribió un pequeño libro sobre el ocaso de los partidos políticos y ha sido el presente siglo el que ha servido de funeral y entierro de lo que fue una profecía que nunca se quiso entender ni mucho menos aceptar.

Lentamente, paso a paso, la historia le dio la razón al famoso novelista colombiano que hasta fue desterrado si mal no recuerdo por sus libros considerados no aptos para ser leídos por el pueblo que causaban roncha entre sectores políticos, sociales, económicos y religiosos de ese entonces.


Se acabaron las ideologías, ya no hay partidos consolidados y solo hay personas que crean un movimiento de un momento a otro y por dinero tienen acceso al poder social, económico y político, sin necesidad siquiera de estudiar, como lo vemos en casos de los cuerpos colegiados.

Y lo grave no es tanto que no sean estudiados, porque conocemos de expresidentes que nunca pisaron las aulas universitarias y lo hicieron bien, tal como Alberto Lleras Camargo, un hombre excepcional, de inteligencia privilegiada y una voz nunca imitada.

Lo que vemos ahora son grupos de personas que buscan intereses individuales, el poder y ascender en la escala social y económica del país.

La política como arte de gobernar a los pueblos se perdió en su primigenia concepción de servicio y para el caso colombiano se convirtió en una penosa costumbre heredar los cargos, desde la presidencia hasta la persona que sirve los tintos en el más pequeño de los municipios.

Se siguen personas no ideas, gana quien tenga la máxima experiencia en conseguir votos como sea y al precio que sea, la corrupción se tomó la política y es un gravísimo problema sin resolver por más esfuerzos que se adelantan desde los organismos de control y vigilancia.

Y es que el dios dinero corrompe a cualquiera, hay un dicho popular que dice “por la plata baila el perro” y se cumple a cabalidad en nuestro medio. Nadie escapa a su encanto, a su embrujo, a su atracción.

Y esto lo saben los politiqueros de turno que aprovechan muy bien la debilidad humana para engañar en las campañas electorales y justificar sus triunfos así sean pasajeros.

Necesitamos nuevos pensadores, nuevos estadistas, estudiosos en profundidad de la condición humana, hombres y mujeres que utilicen más el cerebro que la plata.

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