Las angustias del mundo contemporáneo, capitalista y consumista, acaban con el hombre rápidamente, pues se esfuerza por dominar el mundo, acaudalar bienes, y tratar de dejar “huella” en la historia. Lo que muy pocos reflexionan es que en “La Historia” nuestro paso y presencia es tan fugaz como una brizna de paja en el ancho cielo. Nosotros vivimos en promedio 70 años, y esto no representa nada en los 6 ́000.000 de años que han pasado desde que murió la última abuela común de humanos y chimpancés, ni siquiera en los 2 ́500.000 desde que evolucionó el género Homo en África y se utilizaron los primeros utensilios líticos. Casi que podemos decir con certeza que representamos muy pero muy poco en la historia de la humanidad. Esto se aprehende, y aprende, en el macrorelato titulado “De animales a dioses” de Yuval Noah Harari (Debate, 2015), un bestseller académico a nivel mundial.
Quizás más importante que el filósofo griego Aristóteles, a quien consideramos el hombre más inteligente que haya existido, hace 2350 años, fue el anónimo homo sapiens que dio con la chispa del fuego hace 300.000 años, pero lo ignoramos o nos lo hacen ignorar porque en nuestra educación la historia empieza con la civilización occidental en Grecia. Tener un mapa mental amplio nos permite advertir que no somos el ombligo del mundo y que nuestra única y ética obligación es pasar, efímeramente, como un ser social que no coadyuvó en la extinción de nuestra raza, pues si algo claro hay en el libro que nos concita es que la raza más depredadora en la humanidad somos precisamente los homo sapiens, que después de aniquilar a los parientes
homo neardentales y homo floresiensis, seguimos con la mega fauna australiana y americana donde se encontraban hace 16.000 años ratas del tamaño actual de un elefante. Las tres revoluciones de nuestro devenir, la cognitiva con la aparición del lenguaje, la agrícola con el sedentarismo y la científica hace solo 500 años muestran que al hombre lo han movido solo 3 cosas: el dinero, las religiones y los imperios, que permiten concluir que la plata es una ficción, el catolicismo y demás un mito y la política la forma de dominación independiente de la etiqueta ideológica. Acerca de la felicidad, se atina a decir que “estar satisfecho con lo que se tiene es mejor que obtener más de lo que se desea”, pero como no tenemos sensatez, la ciencia que viene embalada hace 5 siglos, haciéndonos creer dioses, elaborará con base en la inteligencia artificial organismos independientes que nos exterminarán.
Para consuelo de tontos, apreciados lectores, esto a nosotros ni a nuestra inmediata descendencia le tocará verlo por nuestro mínimo protagonismo en La Historia.













