Lamentable impunidad

“…No es posible que una mujer sola, desamparada, asustada y tratada brutalmente por un hombre, no encuentre en el Estado la protección…” De acuerdo con...


“…No es posible que una mujer sola, desamparada, asustada y tratada brutalmente por un hombre, no encuentre en el Estado la protección…”

De acuerdo con los últimos datos sobre el maltrato y violencia contra la mujer, la mayoría de los casos denunciados quedan en la impunidad, mientras los victimarios continúan paseándose libremente por las calles y poniendo en peligro a la misma sociedad en general, especialmente a las mujeres.
Es una lástima que se haya extendido a lo largo y ancho del país esta modalidad delictiva contra el mundo femenino que para los expertos aún no tiene una explicación definitiva, pero que para nosotros creemos se debe a la pérdida total de los valores y principios que han conservado a la humanidad desde hace muchísimos años. Es igualmente lamentable que la mujer se encuentre inerme ante delincuentes desadaptados que han perdido el rumbo de sus vidas y se dedican a acabar con el ser más preciado de la historia sin justificación de ninguna clase y que surgen de una sociedad que se encuentra enferma ante la avalancha de nuevas modalidades delictivas que ni la propia justicia ha podido contener. No es posible que una mujer sola, desamparada, asustada y tratada brutalmente por un hombre, no encuentre en el Estado la protección debida y justa como una persona que merece el máximo de respeto. Y es aún mucho más grave, la impunidad que rodea la mayoría de los casos que se atreven a denunciar, porque no es costumbre en nuestro medio la denuncia como instrumento para exigir justicia a las autoridades correspondientes.
Hasta nos parece insólito que en una reunión efectuada esta semana para tratar el tema con los expertos no asistió un solo hombre de los invitados, lo que podría entenderse a primera vista que todavía tenemos una visión demasiado machista de la vida y en consecuencia la violencia contra las mujeres continúa tratándose como un tema de segunda importancia y recordamos la lucha infatigable y solitaria que han librado las que han sido atacadas por hombres utilizando instrumentos y líquidos que han acabado con su rostro, lo que nos indica a las claras que no basta con el articulado en la ley, sino que hace falta solidaridad, contundencia en el rechazo a este tipo de violencia, eficacia en la justicia y ante todo indignación general en la comunidad. A veces nos extrañamos, porque aparecen espontáneamente grupos de la comunidad que intentan ejercer justicia por mano propia, lo cual rechazamos obviamente, pero que pareciera que se justificara ante una aparente parálisis cerebral de quienes están en la obligación de atender el clamor de la mujer en un mundo de por sí violento y especialmente en donde no se ha podido recuperar en un ciento por ciento el valor de la mujer.
Es muy triste ver las imágenes de cientos de mujeres en su mayoría de origen humilde, haciendo fila en las oficinas del gobierno, para presentar las respectivas denuncias sobre los ataques de que son víctimas y la paquidérmica atención que se les presta en donde prima la tramitología, antes que el afán de solucionar o castigar a los victimarios. Si bien es cierto que la mujer ha logrado eliminar la discriminación social que ha padecido desde tiempos inmemoriales, no lo es la violencia en su contra, que se ha desatado en los años recientes y en donde crecen en forma agigantada los conflictos intrafamiliares, los abusos, la desintegración familiar y la pérdida paulatina del respeto al ser que es símbolo de la vida y que debe ser protegida totalmente por el Estado, pero que lamentablemente no es así, y en consecuencia se convierte en una víctima inerme en medio de una sociedad convulsionada por el afán de riqueza fácil, ambición de poder y escasa visión de solidaridad.
No habrá paz, mientras que la mujer sufra las consecuencias de una sociedad enferma, en donde no se le valora ni aprecia desde el seno materno y mucho menos en donde la justicia se muestra incapaz de acogerla y salvaguardarla de los delincuentes.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *