Todo un misterio se ha convertido para sus familiares y allegados la inesperada decisión de un hombre, ampliamente conocido en el sector oriental de Tuluá de ponerle fin a su vida.
El caso se presentó de acuerdo con el reporte de las autoridades judiciales de este municipio en la calle 27 con carrera 36 del barrio Panamericano, en inmediaciones al hospital departamental Tomás Uribe Uribe.
La infor-tunada víctima fue identificada en las diligencias de inspección como Gustavo Morales Ramírez, de 56 años de edad.
Un amigo que reside al parecer en la misma vivienda y que administra una bicicle-tería ubicada en el lugar, descubrió el cuerpo del hombre pendiendo del techo de la cocina, aproximadamente a las 11 de la mañana.
De inmediato este asombrado ciudadano dio aviso a las autoridades quienes llegaron al lugar a realizar las diligencias de rigor.
Vecinos del sector que conocían de cerca a este infortunado hombre se mostraron consternados con el hecho, pues nunca le llegaron a conocer algún problema o situación que lo pudiera llevar a tomar esta fatal decisión.
Según se conoció Morales Ramírez vivía solo en esta vivienda pues sus familiares se encuentran radicados en otras ciudades del país, desde donde llegaron para darle el último adiós.
Una de sus hermanas, con las que dialogó el pasado domingo hacia las ocho de la noche, dijo que la había llamado para despedirse. “Pero no le creí porque siempre le gustaba bromear con esas cosas y en esta oportunidad no fue así” señaló su acongojada hermana.
En esta vivienda de la calle 27 con carrera 36 del barrio Panamericano se escenificó el suicidio de Gustavo Morales Ramírez.
Morales Ramírez se destacó entre sus amigos y allegados por ser una persona tranquila, entregada a Dios y defensor del catolicismo.
Sus familiares igualmente señalaron que las causas que rodearon la determinación de acabar con su vida son un misterio, pues nunca dijo nada que lo preocupara hasta tal fin.
De este hombre se dijo que solía trabajar en las casas de familia del sector donde gozaba del afecto de sus empleadores y de quienes lo conocían ampliamente.
Gustavo Morales Ramírez era hijo de Marco Aurelio y Rosaura y el cuarto de cinco hermanos. Su último deseo expresado horas antes de su muerte fue el ser cremado y sus cenizas esparcidas en el río Tuluá, solicitud que fue hecha a la Fiscalía por parte de sus familiares para satisfacer el pedido del occiso.











