El terremoto pasó, pero el duelo continúa: ¿cómo cuidar la salud emocional?

Perder la casa, tener que abandonarla temporalmente, ver destruidos los muebles o electrodomésticos que costaron años de esfuerzo o, en los casos más dolorosos, despedir a un ser querido, son situaciones que muchas familias enfrentan después del terremoto del pasado 10 de agosto.

Aunque han pasado dos semanas, para muchas personas la emergencia todavía no termina.

Algunas siguen viviendo en casas de familiares, amigos o albergues mientras esperan saber qué ocurrirá con sus viviendas. Otras intentan recuperar lo que quedó entre los daños y comenzar nuevamente.

Y todas esas pérdidas pueden generar duelo, miedo, ansiedad, rabia, tristeza e incertidumbre. Por eso, los primeros auxilios psicológicos también son fundamentales después de una emergencia.

Una de las principales recomendaciones es no minimizar el dolor de los demás. Decir “lo material se recupera”, “por lo menos no te pasó nada” o “otros perdieron más” puede terminar invalidando lo que esa persona está sintiendo.

Detrás de una nevera, un televisor, una cama o un mueble destruido pueden existir meses o años de trabajo y ahorro. Y detrás de una vivienda averiada está, además, el lugar que durante años representó seguridad y hogar.

¿Qué podemos hacer?

Escuchar sin juzgar, permitir que la persona hable de lo sucedido si quiere hacerlo, acompañarla en la solución de necesidades inmediatas, ayudarla a recuperar poco a poco sus rutinas y mantenerla cerca de su red familiar y social.

También es importante entender que sentir temor ante una réplica, dificultad para dormir o preocupación por regresar a una vivienda afectada puede presentarse después de una experiencia de esta magnitud.

Cuando la angustia es intensa, persiste, empeora o comienza a impedir dormir, trabajar, estudiar o realizar las actividades cotidianas, es importante buscar acompañamiento profesional.

Porque después de un terremoto no solamente hay que reconstruir casas y recuperar lo material. También hay que reconstruir la tranquilidad y la sensación de estar seguros.

Fuente: Organización Panamericana de la Salud (OPS)

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