En medio de semanas marcadas por la intensidad de una contienda electoral que dividió opiniones y acaparó la atención del país, ustedes lograron algo que pocas cosas consiguen: unir a millones de colombianos detrás de un mismo sueño.
Nos hicieron volver a abrazarnos, celebrar, sufrir y creer. Durante cada partido dejamos a un lado las diferencias para vestir los mismos colores y alentar con el corazón.
Hoy el camino mundialista termina, pero queda el orgullo por una selección que luchó hasta el último minuto y nos recordó que, cuando Colombia juega, el país late al mismo ritmo.
Gracias por hacernos soñar. El resultado duele, pero el orgullo permanece. ¡Siempre estaremos con ustedes!



