Atrapada en un reducido espacio y con una de sus piernas inmovilizada entre los restos de concreto, la menor encontró un frasco de salsa de tomate y un poco de queso rallado, alimentos que le permitieron resistir mientras esperaba ser rescatada.
Según relató a la BBC, todo ocurrió en cuestión de segundos. Mientras se encontraba en el apartamento de su madre, el edificio comenzó a estremecerse y terminó desplomándose. «Pensé que iba a morir y que nadie vendría a rescatarme», recordó la adolescente, quien aseguró que, pese al miedo y la claustrofobia, una extraña sensación de calma la ayudó a soportar las horas de incertidumbre.
Durante el tiempo que permaneció atrapada, incluso logró encontrar su teléfono celular y grabó un video en el que pedía ayuda, aunque no tenía señal para enviarlo.
Mientras tanto, su madre, Karina Blanco, llegó al lugar convencida de que su hija había fallecido. Sin embargo, horas después recuperó la esperanza cuando una enfermera rescatada informó que una niña llamada Fabiana seguía con vida bajo los escombros.
El rescate fue posible gracias al trabajo conjunto de los organismos de emergencia y un voluntario identificado como Viktor, quien insistió en continuar la búsqueda cuando otros consideraban casi imposible llegar hasta donde estaba la menor.
Tras abrir un túnel entre las ruinas, los rescatistas lograron sacarla con vida. Las imágenes de Fabiana sonriendo al salir de entre los escombros dieron la vuelta al mundo y se convirtieron en uno de los símbolos de esperanza tras la tragedia.
La adolescente sufrió una fractura en un pie, además de algunos golpes y heridas leves, y actualmente se recupera junto a su familia.
De acuerdo con el balance oficial, los terremotos dejaron 3.342 personas fallecidas, cerca de 17.000 heridos y miles de desaparecidos, convirtiéndose en una de las mayores tragedias recientes registradas en Venezuela.



