“…No hay quien aguante a otro molestando, respirándole en la nuca. O porqué creen que se pelean entre adultos…”
El bullying, esa sensación incómoda que se hace tangible cuando en una conversación o trato entre dos o más se pasa de un momento a otro de la confianza al irrespeto sin ton ni son o cuando de forma insistente se observa un afán desmedido de otro por ridiculizar a alguna persona en particular, no sólo ocurre en ámbitos escolares entre infantes y adolescentes; sino también quien lo creyera de forma frecuente pasa en entornos laborales y sociales donde uno pensaría que por estar entre adultos no se dan este tipo de situaciones.
Entre niños es preciso detectarlo a tiempo y esa identificación corresponde en primera instancia a los padres de familia, paso seguido a los docentes quienes al interior de las instituciones educativas deben activar las diferentes rutas de apoyo para lograr disminuir las consecuencias que podría llegar a generar un acoso extremo. Consecuencias entre las que se pueden contar suicidios de jóvenes, depresión, aislamiento, molestia constante, bajo rendimiento académico y exclusión entre pares. Similar a ello, al consultar los efectos del acoso entre adultos máxime en contextos laborales lo que puede desencadenar es el uso repentino y osado de la ley 1010 de 2006 por parte del acosado y hacerle pasar una difícil situación jurídica al acosador. Esto en términos normativos. Aunque en términos coloquiales y conociendo la intolerancia que reina en la gente del común donde las personas suelen estar de malgenio, pues yo les podría decir que no hay quien aguante a otro molestando, respirándole en la nuca. O porque creen que se suscitan peleas entre adultos.
Con los niños pasa diferente. El niño victimizado de bullying se aguanta, se queda callado, solito no le dice a nadie y en ocasiones hace como que no le afecte. En el día a día los padres que están pendientes del acontecer académico se pueden llegar a dar a cuenta de cambios en el comportamiento del niño o adolescente que den a entender que están siendo incomodados en su dignidad o intimidad. Así mismo, los docentes con el interés y la obligación que la ley les infringe por preservar el bienestar de los estudiantes deben identificar en el menor tiempo posible cualquier tipo de acoso entre compañeros que tienda a constituirse en bullying, actuando rápidamente para mitigar la situación en procura de generar armonía en la convivencia escolar.
En lo referente a los mayores, es preciso señalar que la armonía debería ser una constante en las relaciones interpersonales con lo que se logran buenos resultados a nivel familiar, social, laboral y empresarial. No obstante como indicaba en ediciones pasadas es necesario aprender a manejar los conflictos que puedan llegar a presentarse, desde la perspectiva del mejoramiento y del éxito sin estancarse en la barrera del fracaso. Característica inmersa en la inteligencia emocional.




