por: El Tabloide · 18 abril, 2016
Con procesos de paz y marchas de la extrema derecha de por medio, la noticia más leída y vista la semana pasada, la que se volvió viral en todas las redes, no fue un suceso relacionado con algunos de estos hechos.
No, la información que corrió por todos los rincones colombianos, e internacionales, fue que la estelar y magnánima actriz colombiana de la industria del porno, Esperanza Gómez, se retiraba definitivamente, o sea, no iba a volver a grabar películas XXX.
Y la tristeza e indignación se tornó inconmensurable en la población masculina, y en parte de la femenina.
No es fortuito que esto haya sucedido, y para explicarlo no basta con describir lo que hace esta profesional en sus películas porque entre otras cosas es indescriptible lo que hace, así los pacatos llenos de doble moral nieguen haber visto algunas de sus escenas.
Esperanza Gómez es “Esperanza” por algo más sublime: una descomunal sinceridad y honestidad en su pensar y actuar que cualquiera envidiaría, y que desearíamos tuvieran por lo menos los políticos que gobiernan desgraciadamente este país.
Cuenta la diva en entrevistas que después de haber vivido una niñez y adolescencia represiva en el ámbito sexual, añoraba el mundo censurado de la pornografía por lo que se deslizó inicialmente por el modelaje hasta llegar a Playboy donde descrestó.
De ahí, solo bastaba la valerosa decisión de dar el salto a la meca de la industria en USA, y efectivamente lo hizo rompiendo todos los tabús de una sociedad clerical y goda como la nuestra.
No ha podido ser mejor su aceptación, hoy es una de las reinas de la industria y declara abiertamente que lo hace porque lo disfruta.
Esto es lo que muchos teóricos sociales explican como dignidad laboral, tan carente en la población colombiana.
En estos días en el Perú había una candidata al parlamento que ha ejercido como prostituta, Ángela Villón, su lema era convertir el congreso en un burdel decente; sonaba más convincente que cualquier politiquero.
Si tan solo los encargados de manejar el Estado, tuvieran algo de la brutal sinceridad de Esperanza Gómez, sería otro el estado de casos, seguramente mejor.
No nos sorprendamos entonces si en uno de estos día una barra brava de algún equipo de fútbol exhibe un cartel con la leyenda: “Esperanza, Presidente”.


