El parque de Trujillo sigue siendo un lugar de referencia para la reunión de amigos, negocios o simplemente respirar el aroma de café.
Como dicen los viejos desde que tiene uso de razón, Jaime Herrera, un trujillense de pura cepa, recuerda que el lugar que hoy ocupa el parque Francisco de Paula de Santander, nombre que tomó para rendirle tributo al Hombre de las Leyes pieza vital en la lucha libertadora de la Nueva Granada, ha sido el punto de encuentro de sus paisanos.
De la memoria de Herrera, quien hoy día está radicado en los Estados Unidos pero que cada año viene a su tierra natal, extrajimos recuerdos de esta plaza que ha sido testigo de grandes acontecimientos y también de aquellos no tan buenos que ha vivido esta población que hace parte del Paisaje Cultural Cafetero de Colombia.
“En este lugar, cuando eramos niños, llegábamos a caucherear, a tumbar los cocos de las palmas que hoy son gigantes pero que en ese entonces eran chicas y podíamos pasar horas en este lugar que llevamos en el corazón” relata Herrera mientras recuerda a Isidro Gómez, el parquero bajándolos de los árboles.
“Aquí en este parque que hoy luce otra cara, pero que en esencia sigue siendo el mismo sitio apacible, recuerdo que cuando nos tomabámos unos tragos llegá-bamos en la madrugada, nos quitabamos la correa y nos montabamos en los caballos que llegaban al sitio para pastar dándole la vuelta al pueblo en medio de una algarabía total” añade.
También recuerdan los trujillenses de ayer que el parque Santander, que debe superar los 60 años de construcción, era el punto de encuentro para ver pasar las señoritas de esa época, piropearlas y si había oportunidad “caerles”. Fueron muchos los noviazgos que se iniciaron en el lugar y de ellos hoy son matrimonios consolidados en el tiempo.
Aunque los tiempos han cambiado y con ellos también la manera de cortejar, el parque de Trujillo sigue siendo un lugar de referencia para la reunión de amigos, negocios o simplemente respirar el aroma de café que baja de la cordillera.




