BUGA. Aunque han transcurrido trece años y siete meses, en la mente de los habitantes de la vereda Alaska aun permanecen intactos los momentos de angustia y dolor vividos la tarde del 10 de octubre del 2001 cuando un comando paramilitar llegó a la zona y baño de sangre una región hasta ese momento pujante, y donde el único verbo que se conjugaba era el de trabajar.
El día mencionado, un grupo no inferior a 60 hombres llegó hasta el corregimiento de La Habana exhibiendo armamento de largo alcance y sus municiones; los campesinos, inocentes de lo que sucedía, fueron arropados por la angustia, la zozobra y el miedo.
Rápidamente los delincuentes, quienes se movilizaban en un bus escalera y una camioneta, se dividieron en tres grupos, uno se quedó en la población de la Habana y los otros salieron hacia las veredas de Tres Esquinas y Alaska.
Los relatos señalan que estos hombres llegaron casa a casa, finca a finca y sacaron a sus habitantes para ser llevados a la plaza del pueblo mientras que otros realizaban retenes en el sector y bajaban a los hombres de los vehículos. Los campesinos llegaron a pensar que se trataba del Ejército pero luego analizaron que se trataba de grupos irregulares pues algunos tenían botas de caucho y boinas.
Los ciudadanos de la vereda Alaska fueron reunidos a plena luz del día por los desconocidos, quienes se vieron sorprendidos cuando llegaron con otras personas, entre ellas un sordomudo.
La presencia de los encapuchados hacía presagiar lo peor a los campesinos de esta región del municipio de Buga; la angustia, el llanto y la tristeza se apoderó de los corazones de estos labriegos cuando ordenaron encerrar a las mujeres y los niños en una de las casas.
Poco después se escucharon retumbar los sonidos ensordecedores de las balas asesinas que empañaban de sangre la historia de esta tierra pujante.
De acuerdo con las declaraciones en su momento re- colectadas por el Defensor Regional del Pueblo y el Secretario de Gobierno municipal, las acciones se perpetraron a escasos cinco minutos de la estación de Policía y a 10 del Batallón Palacé y el comando de la Policía de esta población del centro del Valle.
La justicia se pronuncia
El martes de esta semana el Consejo de Estado dio a conocer el fallo que condena al Ejército Nacional por la masacre perpetrada por al menos 60 paramilitares en Alaska, jurisdicción del corregimiento La Habana en el municipio de Buga.
En la sentencia de segunda instancia los magistrados tuvieron en cuenta el informe de inteligencia de la Sijín de la Policía Nacional que en algunos de sus apartes dice: “Se hizo referencia a la movilización de estos paramilitares en la zona. Igualmente fueron tenidas en cuenta las denuncias del entonces secretario de Gobierno de Buga, Jaime Alberto Ochoa frente a los retenes ilegales adelantados por dicho grupo armado ilegal”.
Precisamente fue Ochoa quien lanzó la voz de alerta frente al accionar paramilitar, pues había caído en uno de los tantos retenes de los ilegales cuatro días antes de que se presentará la masacre de los 24 campesinos.
Un Milagro
Una de las personas que le tocó vivir esta tragedia en carne propia recuerda los hechos como si fueran hoy. Carlos como lo llamaremos para proteger su verdadera identidad, extendió su mirada hacia las lomas de Alaska y con sus ojos encharcados por las lágrimas, relató: “Por esos caminos sacaban a mis amigos, y a todos nos reunieron y nos catalogaron de guerrilleros luego de que nos dijeran a toda la población que eran paramilitares del bloque Calima. Un milagro de Dios permitió que hoy pueda recorrer estas tierras, ese día nos separaron por grupos y nos decían caminen y luego que corrieramos cuando se escuchaban las rafagas de las armas que portaban.
Cuando nos dijeron yo corrí y me tiré en cuatro patas por una casa y salí por el patio y rodé hasta el río y me escondí en la montaña, cuando regresé me contaron que a todos los habían matado, otras tres personas hicieron lo mismo que yo y se salvaron, eran los ayudante de los buses. Si la masacre la hacen más tarde, ese 10 de octubre habrían sido muchos más los muertos”.






