Aunque ya nos habíamos acostumbrado a que cada año que se inicia, las alzas en los alimentos de la canasta familiar se elevan más allá del índice de precios al consumidor, en el presente, tal parece que se le fue la mano al gobierno de turno, que al tiempo que anuncia con bombos y platillos que salieron de la pobreza absoluta cerca de dos millones de colombianos, se les informa que de ahora en adelante se les apretará la tuerca con la imposición de impuestos, alzas y otras arandelas como el aumento en el IVA que afectan indudablemente el modus vivendi del pueblo en general.
Ya esperábamos el gran apretón y estábamos dispuestos a amarrarnos el cinturón hasta donde fuera posible, pero han sido tan escandalosos los incrementos en todos los artículos que empezó a colmatarse el alma nacional de tal manera que ya estamos a punto de reventar el cinturón, si no es porque ayer precisamente, el propio presidente Juan Manuel Santos saliera al ruedo para coger el toro por lo cachos y desmentir la aplicación una futura reforma tributaria que contiene varios exabruptos impositivos que asustan hasta al más valiente de los colombianos.
No podría ser de otra manera, porque estamos jugando como al gato y al ratón, ya que los anuncios de nuevas alzas en los impuestos de los vehículos automotores, que de un momento a otro resolvieron revaluarlos, lo que jamás se ha visto en la historia del país, resultó ser otro error grave procedente del Ministerio de Transporte, así como pocos días antes se echó un reversazo al incremento de la gasolina, ofreciendo unas disculpas y explicaciones que nadie entendió.
Está el gobierno jugando con candela, porque no sabe cómo hacer para sacar a flote las graves consecuencias que tienen en nuestra economía los bajos precios del petróleo y la subida estrepitosa del dólar, que sin ser economistas especializados en la materia, sabíamos que afectarían de una u otra manera el costo de vida por obvias razones.
No es posible que las importaciones continúen en el mismo precio, con un dólar por encima de las nubes, como tampoco es posible que el gobierno resista por mucho tiempo el ritmo de la inversión social, si el precio del petróleo continúa su vertiginoso descenso en el mercado internacional.
Estamos ante un panorama muy oscuro en materia económica, porque parece que el gobierno anda como una loca sin calzones, buscando en todos los rincones de dónde sacar los recursos necesarios que requiere para resolver varios de los graves problemas que afectan a la gente del común y especialmente para cumplir con ciertos compromisos adquiridos como lo es el terminar bien las obras de infraestructura de cuarta generación que intercomunicará al país definitivamente, para poder salir del subdesarrollo haciendo competitivo el mercado interno e internacional.
Ahora bien, el gobierno hace ingentes esfuerzos con el fin de llevar de la mano el proceso de paz que hasta ahora a nadie se le ha informado cuál es el monto de esa cuantiosa suma que se ha invertido en La Habana y lo que viene, si se llega como se espera, a un acuerdo definitivo.
Es así como, mientras se anuncian la creación de fondos internacionales para lograr los recursos en la etapa del postconflicto, la gente del común que tiene que comprar el pan de cada día, observa con indignación que el precio del azúcar, papa, aceites vegetales, sal, carne de res y cerdo, entre otros, suben geométricamente, mientras que el salario mínimo por supuesto no les alcanza para cubrir los más mínimo de sus necesidades.
Estas alzas incontenibles son una bomba de tiempo.
Ojalá no explote y cause una tragedia de mayores proporciones. Así lo esperamos.



