De acuerdo con la hoja de vida publicada por la Presidencia de la República, Acosta Zapata solo acredita estudios de bachillerato, culminados en 1995, y no registra formación técnica, tecnológica ni universitaria. Su experiencia laboral se concentra en más de 14 años como coordinador nacional de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), labor desarrollada en el ámbito comunitario y organizativo, sin antecedentes en cargos de la administración pública.
El documento oficial tampoco registra experiencia en manejo de recursos estatales, ejecución presupuestal ni formulación de políticas públicas, aspectos que han sido señalados por diversos sectores como fundamentales para liderar el Ministerio de la Igualdad, una cartera creada para coordinar programas de equidad, inclusión social y atención a poblaciones vulnerables en todo el país.
El nombramiento se produce pocos días después de la salida de Juan Carlos Florián, quien enfrentó dificultades para consolidar la gestión del ministerio. En este contexto, la llegada de Acosta Zapata ha sido interpretada por críticos como una apuesta política del Gobierno por la representación social y simbólica, más que por criterios técnicos o administrativos.
Desde el Congreso, la representante Katherine Miranda cuestionó la designación al advertir que el Ministerio de la Igualdad “no es una entidad simbólica” y que sus decisiones tienen impacto directo sobre millones de colombianos. Para la congresista, la experiencia comunitaria del nuevo ministro, aunque respetable, no sustituye la formación y experiencia requeridas para dirigir una cartera de nivel nacional.
El debate se suma a las críticas por los constantes cambios en el gabinete presidencial —más de 50 desde el inicio del actual gobierno— y reabre la discusión sobre el equilibrio entre inclusión social, mérito y estabilidad institucional en la conformación del alto Gobierno.










