Se trata del dispositivo Ocean-2, desarrollado por la empresa Panthalassa, el cual ya superó pruebas iniciales con resultados alentadores. Lejos de tratarse de estructuras militares o residuos marinos, estas enormes esferas buscan demostrar que el vaivén natural del océano puede ser aprovechado como una fuente estable y continua de energía limpia.
¿Cómo funcionan las esferas?
A diferencia de otras tecnologías que intentan resistir la fuerza del mar, el Ocean-2 se mueve con las olas. Ese balanceo impulsa el agua hacia el interior de la esfera, donde un sistema hidráulico canaliza el flujo para hacerlo pasar por turbinas internas que transforman el movimiento en electricidad.
El dispositivo puede desplazarse de forma horizontal durante su transporte y, una vez en el punto de operación, colocarse en posición vertical para iniciar la generación energética.
Energía renovable en alta mar
Con un diámetro cercano a los 10 metros, el Ocean-2 está fabricado con materiales resistentes a la corrosión y diseñados para soportar largos periodos en condiciones marinas extremas. Su estructura flexible reduce el desgaste mecánico y busca minimizar el impacto sobre la vida marina, evitando instalaciones rígidas ancladas al fondo del océano.
Durante pruebas realizadas con apoyo de astilleros especializados, el sistema alcanzó picos de hasta 50 kilovatios en condiciones favorables, manteniendo un rendimiento estable incluso en zonas con corrientes irregulares, según datos obtenidos mediante monitoreo satelital.
Un paso más allá del Ocean-1
Panthalassa ya había probado anteriormente el modelo Ocean-1, orientado a la producción de hidrógeno verde directamente en el mar. Con el Ocean-2, la compañía apunta a perfeccionar la tecnología, reducir costos y consolidar una alternativa viable para la generación eléctrica a gran escala.
Según la empresa, el océano abierto alberga una de las mayores reservas de energía renovable del planeta, aún poco explotada. Su aprovechamiento permitiría producir electricidad limpia, impulsar proyectos energéticos en alta mar y facilitar el transporte de combustibles renovables hacia tierra firme.
El experimento, por su tamaño y diseño poco convencional, ha despertado curiosidad a nivel global y abre el debate sobre el futuro de la energía limpia proveniente del mar.










