La derrota de Kamala Harris ante el republicano Donald Trump, en las elecciones presidenciales de USA, no cambia mucho el panorama del gobierno colombiano frente al gigante del norte, pues la dependencia seguirá, especialmente en el tema de la lucha antidrogas que incluye el de la implementación del Acuerdo de Paz.
Tampoco el de los derechos humanos a nivel mundial, pues ni los actuales presidente y vicepresidente demócratas han condenado el genocidio palestino, y antes mal siguen inmiscuyéndose en conflictos ajenos como la guerra entre Rusia y Ucrania.
Lo que sí ha empezado a cambiar es el envalentonamiento agresivo de la derecha, que aún cree que Kamala es de izquierda, cuando ella era solo un mal menor.
En reportaje de la BBC News, el politólogo peruano Farid Kahhat dice que “la derecha latinoamericana considera a la izquierda como un enemigo existencial y no como un rival legítimo que tiene derecho a participar en elecciones y ganarlas”.
Con la victoria de Trump se sienten con más derecho de afirmar lo anterior, pero sazonado con la vulgaridad, la ramplonería y la mentira, al estilo Milei en la Argentina que va viendo como su clase media se diluye en la pobreza.
Ante esto la izquierda o el progresismo no pueden esquivarle el bulto a parte de responsabilidad que tiene en este escenario donde triunfa electoralmente el relato populista plagado de odios contra el diferente, mientras el planeta entra en su última etapa de cambio climático, pues el discurso woke (feminismo, ambientalismo, animalismo, etc.) desplazó del primer lugar de la agenda al de la justicia social que solo se puede lograr con la redistribución equitativa de la riqueza, donde el neoliberalismo no tiene lugar.
Sino se logra leer esto último podemos perder las pocas conquistas sociales que la lucha democrática ha obtenido, que es a lo que le apuesta el establecimiento colombiano en 2026.