Su colección es una de las más grandes y apreciadas del norte del Valle entre los amantes de los tangos, vals, pasodobles y rancheras de la vieja guardia.

En este lugar pasa gran parte de su vida este melómano roldanillen-se que dice tener un tesoro con sus acetatos a los que cuida con emoción única. Aunque una buena cantidad de sus clientes son perso-nas mayores, también llegan jóvenes que se han dejado seducir por la buena música.

Edilson de Jesús Rivera Quiceno nunca imaginó que adquirir, con sus propios recursos, un acetato que contenía la canción La Tabaquera, despertaría en él una pasión que aún conserva y que lo ha llevado a ser considerado como uno de los más importantes coleccionistas de música, de esa que llaman de antaño, en la región norte del Valle.

Su arsenal musical es amplio y en todos los géneros y va desde tangos, milongas, pasillos, pasodobles y todo lo que lleve el sello de las épocas ya idas.
Son 66 años cumplidos, 32 de los cuales los ha invertido a acompañar a los bohemios que aún no se dejan enamorar por la tecnología, y que disfrutan tomándose unas cervezas frías o unos aguardientes al son de la música reproducida en los tocadiscos, con la aguja produciendo ese escrás característico de los acetatos con buen tiempo de uso.

Tras esa magia, acuden una buena cantidad de sus clientes que pasan en busca de entretenimiento, a través de tertulias que se pueden hacer interminables, pues de ellos son conocedores del tema musical.
«Esto es una pasión, es algo que me nació desde cuando compré mi primer sencillo de 45 revoluciones y que aún conservo y sueno de cuando en vez para recordar ese momento que marcó mi vida» relata este discómano que se define como achapado a la antigua.

Es un hombre de pocas palabras, quizás porque buena parte de su vida se ha dedicado a escuchar a los demás en medio de copas y noches largas, donde los boleros evocan los amores idos y los tangos recuerdan los que sucumbieron entre los arrabales.

Al lado de su tocadisco y mientras alista el bar para esperar a sus primeros clientes, responde a cada uno de los interrogantes y sin dudarlo asegura que lo único que no suena en su negocio es la llamada música de despecho o popular que llaman ahora.
¿Por qué no le gusta? le preguntamos y su respuesta es contundente: «Porque esa música no tiene mensaje y sus letras son repetitivas».

Alfredo de Angelis y su orquesta están entre sus favoritos a la hora de programar la música.

«Y no es que la música de ayer no incite a tomar trago o sus letras no hablen de desamor, pero se trata de letras construidas con estética» añade este hombre que creció en medio de acetatos pero reconoce que en algunas ocasiones se deja tentar por la tecnología, pues hay clientes que piden una melodía y no la tiene entonces, recurre a la Internet, ya que su misión es satisfacerlos a todos.
Dice no tener un disco en especial pero se declara fanático de los tangos, que por sus sonidos y letras le parecen más que apasionantes.

«No sabría decirle porqué me gustan tanto, debe ser porque toda la vida los he escuchado y con ellos complacido a mucha gente» asegura.

Son sus tesoros

Para Edilson de Jesús cada disco que posee es como un hijo al que cuida con dedicación y esmero, a tal punto que algunos de sus discos conservan la carátula original y otros los ha sometido a un proceso de reconstrucción.

«Yo los cuido pues al fin y al cabo ellos me han dado de qué vivir durante tres décadas largas» afirma el coleccionista y melómano más famoso del municipio de Roldanillo.
Según sus cuentas, posee más de cuatro mil discos de 45, 33 y hasta 78 revoluciones que son limpiados solo con un paño y agua limpia, pues no recomienda usar ninguna sustancia química que puede causar daños en los surcos de las pastas.
«Es casi un ritual que se cumple a la hora de montar un disco en el tornamesa para que el sonido salga bien y la gente disfrute la melodía que pide», expresa el hombre que ameniza las noches a los amigos de la bohemia.

«Para resumir, creo que la música es mi vida entera, es lo que anima todos los días y no es para mí ningún sacrificio el quedarme hasta que el último cliente abandone el local», puntualiza Rivera Quiceno en medio de una humildad que le brota por la piel y quien remata diciendo que en su negocio, como en todos los demás, el cliente siempre tiene la razón y más en temas de música.