La tarde del 22 de noviembre jamás se borrará de mi memoria, no solo por la fuerte experiencia que viví, sino porque a través de ella sentí, como nunca, el amor y cariño de la gente que me rodea.
Tengo que reconocer que nunca le he tenido miedo a los ascensores, razón por la cual nunca imaginé que, el que me sirvió durante tanto tiempo para proteger mis rodillas, se desplomaría conmigo adentro, dejándome una fractura expuesta en la pierna que me ha hecho «ver estrellas» en estas tres semanas de procedimientos quirúrgicos y recuperación.
No culpo a nadie por lo que me sucedió, por el contrario, le doy gracias a Dios porque fui yo y no alguno de los colaboradores de El Tabloide.
Pero este accidente, además de los fuertes dolores y la sensación de desespero por la incapacidad en la que estoy para movilizarme, me dio la oportunidad de corroborar que tengo en mi entorno a muchas personas buenas, con un corazón enorme. Primero que todo mis hijos, mis nietas y toda mi familia, pero también mis amigas y mis compañeros de trabajo. Todos han demostrado con la mejor actitud que están para las que sea, para la rumba, las celebraciones, pero especialmente para los momentos difíciles, como éste.
A todos les doy gracias por tenerlos en mi vida y por enviarme constantemente energías positivas para recuperarme con paciencia. Créanme que por ratos me desmotivo y debilito, pero esas fuerzas que me comparten diariamente me empujan a seguir en la lucha.
No puedo despedir esta columna sin contarles el por qué amo tanto a mis hijos. Anaholena ha sido mi auxiliar permanente, José Alexánder ha hecho un trabajo administrativo ejemplar y D»arlay, con su dulzura y amor, ha convertido este proceso en uno más liviano. Pacho, por su parte, ha sido mi compañía constante dejando inclusive sus dolencias de lado. En mis nietas, he encontrado que, además de ser mis nietas, son mis amigas y quiero que sepan que siempre tienen en mí a una abuela cómplice, que las comprende, a pesar de la brecha generacional que nos separa.
Hoy, simplemente quiero que todo el mundo sepa que soy una mujer inmensamente feliz.