Es muy triste ver la forma corrupta como se preparan desde ahora los políticos de turno cuando de dar avales se trata a los candidatos a las gobernaciones y alcaldías del país y supremamente preocupante si se tiene en cuenta la renuncia de varios líderes del mismo partido que no comparten tal actitud que se creía comenzaba a borrar durante un proceso electoral.
Recuerdo tiempos cuando los familiares y amigos de un difunto se quedaban con su cédula, porque pensaban en utilizarla para votar en las elecciones y así hasta los muertos elegían a los candidatos de turno, especialmente se presentaba este hecho en los municipios y en ese entonces no se miraba como algo irregular, corrupto y tramposo.
Ha sido una lucha tenaz la de los últimos gobiernos por tratar de espantar del escenario electoral la corrupción que se refleja en la manipulación de los electores, compra y venta de votos y transhumancia electoral entre otros vicios que han permeado la democracia nacional a lo largo y ancho del territorio patrio.
Se explica este fenómeno grotesco y desalentador, cuando gracias a un periodismo investigativo e independiente, cada vez se descubren más y mayores anomalías en el sector oficial, que desdicen de la nobleza de la política entendida como la de servir a la comunidad.
Y se explica porque si miramos los referentes que tienen los aspirantes a ocupar cargos en el sector oficial solo encuentran actitudes que no son transparentes en el Congreso de la República, salvo casos excepcionales que son poco conocidos generalmente por la comunidad.
Es que se han apuntalado, enquistado y enraizado unas costumbres venales impresionante en la administración pública. Hasta hace pocos años, se solía aceptar el enriquecimiento de un alcalde con la justificación de que hizo obras y a la gente poco le importaba el comportamiento del mandatario de turno.
Así mismo se hizo costumbre que si una persona estaba mal económicamente se le aconsejaba meterse a la política, porque se sabe que allí “se consigue plata” y esta es la herencia que muchos acogen y otros al contrario tratan de remediar, pero sin resultado alguno.
Es normal que si los de arriba roban, los de abajo también lo hacen, puesto que es la norma general y así ha transcurrido año tras año, sin que esos males tengan una mejoría de un milímetro siquiera y es cada vez peor la consecuencia funesta para la democracia. La abstención electoral así lo demuestra y es por eso que surgen alternativas populares que quieren finiquitar tales anomalías, pero desaparecen en el intento porque puede más la ambición de poder y del dinero, que la del servicio desinteresado a la comunidad.








