Ahora en mi edad adulta y que soy padre de una niña de 2 añitos, me tocó sentarme al frente del televisor juntos a ver los programas que existen dedicado a los infantes. Y allí he aprendido a distinguir “Jorge el curioso”, “La doctora juguete”, “Pepa”, “La princesa Sofía” entre otros y me sorprende la inmensidad de alienación que se vende a los pequeños de la cual nunca jamás podrán salir si sus padres no alertan a tiempo sobre esos videos tan insulsos, ridículos y fantasiosos. Un ejemplo basta de muestra: El de “La princesa Sofía” que le vende a la imaginación infantil un rey y una reina que viven eternamente en un paraíso, con sirvientes para abrir y limpiar el castillo, otro para servir las comidas, otras fungen de ayas y no podía faltar el brujo de la mansión que le resuelve todos los problemas a la princesita.
El programa obliga a pensar que todavía existen semejantes absurdos, mandados a recoger históricamente, tal como se demuestra en la decadencia de ese régimen en España e Inglaterra, que solo sirve como para recordar épocas pretéritas fenecidas y que ahora se mantienen en pie solamente como acontecimientos turísiticos que algunos quieren visitar alucinados todavía con los sueños de la infancia.
Y qué podemos decir de “Jorge el curioso” que es un mico que resulta mucho más inteligente que su dueño y resuelve todos los problemas por más intrincados que parezcan, es imaginativo, creativo y por supuesto más ágil que las personas. Absurdo. Veamos un poco a la “Pepa” que es el centro de toda la familia, a quien le rinden pleitesía en su casa, todo gira a su alrededor, todos le obedecen, en otras palabras, es la perfecta niña malcriada de todos los tiempos. Y siempre buscará en su edad adulta otros que serán igualmente sus esclavos para que se sienta importante, segura e indispensable.
Realmente hay que estar alerta ante esos bodrios que le venden a los niños en los medios de comunicación, especialmente en la televisión, donde por más horas permanecen anclados como estatuas frente a sus pantallas. Me viene a la memoria un libro de Paulo Freire, un pedagogo brasileño que titulaba, mas o menos, “La pedagogía del oprimido”, excelente, genial y creativo, orientado a ser libres, originales y especialmente a no ser reproductores de un sistema obsoleto, esclavista y contraproducente. Donde se invita a los oprimidos a superar su opresión de una manera restauradora que no implica repetir su historia en contra de los opresores.
Y me pregunto: ¿Por qué diablos no presentan programas infantiles, propios, autóctonos, que no sean alienantes y especialmente que no tiendan al consumismo insaciable del sistema que actualmente nos rige?












