por: El Tabloide · 30 marzo, 2015
Tan invasiva como el chicunguña es la epidemia que se vive en Colombia desde hace varios años cuando prominentes figuras de la política, empresarios y personas del llamado Jet Set criollo aducen, a través de los medios del país, que se van de Colombia, se exilian o simplemente huyen porque aquí no hay “garantías” para ser juzgados.
Esa epidemia le sirvió alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, quien acudiendo a todas leyes existentes y sacando sus habilidades de político de vieja data logró que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos le otorgara medidas cautelares para proteger sus derechos y a base de tutelas logró (así no lo reconozca) ponerle las trabas habidas y por haber al proceso de revocatoria del mandato y nos quedamos sin saber si los bogotanos querían o no que siguiera rigiendo los destinos de la capital.
Antes había acudido a estos mismos argumentos el exconsejero de Paz, Luis Carlos Restrepo, le siguió María del Pilar Hurtado, exdirectora del DAS quien la crisis económica la hizo volver al país, también Andrés Felipe Arias y por estos días lo está diciendo el abogado de Víctor Maldonado, el cerebro del desembolso de Interbolsa, capturado en España. Según el jurista el “capo” del desfalco no tiene garantías para volver al país.
Es necesario ponerle fin a esta alcahuetería que se carcome al país y que cada día mina la confianza ciudadana, pues mientras los Arias, Restrepo, Maldonado y otros se pasean por los restaurantes, clubes sociales y demás sitios del mundo, en Colombia cientos de compatriotas pagan penas por delitos irrisorios como llevarse prendas de vestir, tocarle el “pompis” a una dama (hecho que rechazo abiertamente) o como el sonado caso del condenado por haber sustraído un cubo de un caldo de gallina de una tienda.
Lo anterior me lleva a opinar que ahora, cuando el escándalo de Jorge Pretel está en su máxima expresión y el gobierno del presidente Santos se apura a presentar una reforma estructural al aparato de justicia, se hace mas que necesario que esta opere de verdad, que la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes desaparezca o le pongan dientes de verdad y no los de leche con los que históricamente ha procedido.
Queremos una reforma de verdad, profunda y eficaz para acabar con los pañitos de agua tibia que siempre han usado tapando con ellos el cáncer que nos carcome.
Es tiempo de acabar con la frase que en Colombia hizo carrera sobre la justicia para los de ruana y aplicársela a los que se han encargado de socavar las bases de la economía y por ende de nuestra resistente y hasta ahora indestructible democracia.






