Según el parte médico oficial, el Pontífice argentino presentó una crisis de broncoespasmo que derivó en vómitos con inhalación, lo que agravó su estado y generó un deterioro en su capacidad pulmonar.
Ante la emergencia, Francisco recibió atención médica inmediata, incluyendo un procedimiento para eliminar fluidos de sus vías respiratorias y ventilación mecánica no invasiva para mejorar su oxigenación sin necesidad de intubación. A pesar de la gravedad del cuadro, el informe destaca que el Papa “se mantuvo alerta y orientado”, colaborando con el equipo médico en las maniobras terapéuticas.
La noticia llega luego de tres días en los que el Vaticano había reportado leves mejorías en su estado de salud, asegurando que había superado “la fase crítica” tras la crisis respiratoria asmática sufrida el pasado 22 de febrero. En esa ocasión, el Papa requirió “altos flujos” de oxígeno y se le diagnosticó trombocitopenia —una baja en los niveles de plaquetas— causada por una anemia que obligó a realizarle transfusiones de sangre.
A pesar de haber respondido bien a los tratamientos iniciales, el nuevo episodio ha encendido las alarmas en el Vaticano, y su pronóstico continúa siendo reservado. Las autoridades no han brindado más detalles sobre su evolución, pero se espera que el Papa permanezca bajo estricta observación médica mientras el mundo sigue atento a su recuperación.