La ELA afecta las neuronas motoras del cerebro y la médula espinal, responsables de controlar los movimientos voluntarios del cuerpo. Con el avance de la enfermedad, los pacientes pierden gradualmente la capacidad de mover los músculos, lo que impacta funciones esenciales como hablar, caminar, comer e incluso respirar.
Se trata de una patología considerada grave y, hasta el momento, sin cura. Aunque existen tratamientos que pueden ralentizar su progresión y aliviar algunos síntomas, la ELA continúa siendo una enfermedad mortal.
Dane había hecho público su diagnóstico en 2025 y desde entonces enfrentaba la condición acompañado de su familia. Su muerte ha reavivado la conversación sobre esta enfermedad poco frecuente pero devastadora.











