«…la sensación de inseguridad es general, ya algunos sectores de ganaderos piden al gobierno que les permitan armarse…».

Existe en el país un alto grado de desconcierto que no es explicado suficientemente por el gobierno central y consiste en lo paradójico del momento que atravesamos en medio de una creciente violencia en casi todo el territorio nacional, mientras por otro lado, se hacen grandes esfuerzos por consolidar un proceso de paz, que tal vez, nació cojeando, pero que más de la mitad de los colombianos respaldaron en las urnas y fue ratificado por la Constitución nacional, de tal manera que no se puede dejar de lado de un brochazo, así sea que la columna vertebral pueda parecer inaceptable para todos aquellos que rechacen los acuerdos en algunos de sus componentes.

Y es que vemos que la violencia continúa vigente, como si no se hubiera firmado nada entre el gobierno y las antiguas guerrillas de las Farc, tal como se presenta diariamente en todos y cada uno de los rincones del país.

Es así como reaparecen las guerrillas que no se han sometido al proceso de paz; los integrantes del ELN (Ejército de Liberación Nacional) no quieren ceder a las pretensiones del gobierno de abandonar primero el secuestro y las voladuras de oleoductos, para sentarse luego a dialogar; las bandas delincuenciales organizadas, siguen cometiendo crímenes, secuestros y extorsiones; los hurtos en los centros urbanos, no cesan; los asaltos a la gente que retira dinero de los bancos, es el pan de cada día.

En otras palabras, la sensación de inseguridad y desconcierto es general, hasta tal punto, que ya algunos sectores de ganaderos piden al gobierno que les permitan armarse, lo que significa en palabras más palabras menos, que no se tarda en aparecer el peligroso paramilitarismo, porque se puede intuir un Estado indefenso y así pareciera demostrarse en la duración de la minga de los indígenas del Cauca, en donde vemos a los soldados de la Patria retirando con temor y miedo, las barreras que impiden el tráfico automotor por la vía Panamericana que une a Cali con Popayán.

Y al mismo tiempo, se observa un Congreso, que no quiere respaldar al gobierno en forma plena, total y sin temblor, en un asunto tan serio, como es el de recuperar la pacificación del territorio nacional, y no se puede aceptar que continúe así indefinidamente.

Es más preocupante aún, que estamos próximos a una campaña electoral, en donde todas aquellas personas que aspiran a liderar el país, inician su proselitismo político, asegurando que trabajarán por la paz, lo cual es contraproducente, porque la mentira aflora en sus labios y el pueblo perplejo, se muestra cada día, más pesimista porque tampoco se cumplen las promesas electoreras.

No estamos viendo de ninguna manera, la acción eficaz de las autoridades para finiquitar, los hurtos callejeros de celulares, las balaceras en nuestro municipio, son recurrentes, las extorsiones están al orden del día, el microtráfico parece incontenible.

El gobierno debe hacer un giro de 180 grados en materia de seguridad y no enredarse en comentarios insulsos del presidente Trump, cuando se refiere despectivamente a Colombia.