«…Ojalá que la serenidad de Antanas Mockus nos contagie a todos los colombianos…».

Si esta columna no tuviera nombre sin duda alguna la habría llamado: Gracias profesor Mockus.

Gracias por enseñarnos que las limitantes existen en la mente de cada individuo y que ninguna enfermedad es tan fuerte como para encerrarnos o reducirnos.

Gracias por enseñarnos que ante la agresión no es necesario reaccionar con violencia y que se le puede sacar jugo a las cosas que nos pasan, aún a las peores circunstancias de la vida.

Gracias profesor Antanas por no renunciar a la pedagogía para enseñarnos que es posible vivir en un país donde las diferencias tienen cabida y que antes de destrozarnos debemos aprender a convivir con ellas.

Gracias por pararse frente a las cámaras aún sabiendo que le resultaba difícil quedarse quieto, para decirle al país que la unanimidad no puede ser una norma y que debemos levantar la voz siempre que veamos que el futuro del país está en riesgo.

Gracias por no dejarse apabullar por quienes escondidos en las redes sociales pretendieron mofarse de su enfermedad y quienes quedaron desarmados con el vídeo del «perrito de taxi» al que besaste con la misma ternura que un padre besa a un hijo para enseñarle que en la vida no debemos jamás perder la cordura.

Podría escribir muchas cosas en torno al congresista y exalcalde de Bogotá pero quiero concluir manifestando que me alegró que por vez primera en Colombia la oposición haya estrenado el derecho a la réplica ante la alocución presidencial del primer mandatario Iván Duque sobre sus objeciones a

la JEP, tema que ha concitado el interés nacional.

Ojalá que la serenidad de Antanas Mockus nos contagie a todos y en especial a quienes pretenden sembrar más semillas del odio y la discordia como lo vimos esta semana en la comisión de paz del senado donde izquierda y derecha terminaron agarrados del pelo.