En algunos casos, estas interacciones han superado las 130.000 en un solo mensaje, convirtiéndose en la reacción predominante frente a sus contenidos políticos.
El patrón ha despertado conversación entre usuarios colombianos, quienes debaten si se trata de una forma de burla colectiva, una manifestación de rechazo o simplemente una dinámica propia del lenguaje digital actual. En el entorno de las redes, el uso del emoji puede adquirir múltiples significados, desde sátira hasta protesta simbólica.
Dávila, por su parte, ha denunciado lo que considera una acción coordinada para restar seriedad a sus planteamientos y afectar la percepción pública de su aspiración presidencial. La precandidata ha señalado que la magnitud y repetición de estas reacciones podrían responder a un ataque digital organizado.
Mientras tanto, expertos en comunicación política advierten que las métricas en redes sociales no necesariamente reflejan respaldo o desaprobación directa, sino que forman parte de una conversación más amplia y, a menudo, polarizada. Lo cierto es que el episodio evidencia cómo la contienda política también se libra en el terreno de los algoritmos, donde la percepción pública puede moldearse tanto por el contenido como por la reacción que este genera.
En un escenario electoral cada vez más influido por la interacción digital, el caso pone sobre la mesa el papel de las redes sociales como espacio de expresión ciudadana, pero también como escenario de disputa simbólica en plena precampaña.










