Ese don lo descubrió desde muy niño en Tochecito, zona rural de Tuluá, la misma que junto a su familia debió abandonar huyendo de la violencia que afectó y sigue afectando a la montaña tulueña.
Lo que nunca imaginó es que la necesidad de entender las señas que un tío suyo hacía para comunicarse con sus parientes, se convertiría en la herramienta de trabajo que lo llevaría a ganarse su sustento y el de su familia.
Ad portas de cumplir los 33 años, David recuerda que el desplazarse para Tuluá, dejando los verdes campos y la apacible montaña, significó un reto mayúsculo y para ayudar a la economía del hogar decidió ser voceador de prensa y con orgullo recuerda que recorría la carrera 30, donde su papá laboraba como mecánico, vendiendo EL TABLOIDE y la revista El Acierto a la par que de manera voluntaria seguía explorando la complejidad de la lengua de señas.
Ángeles en el camino
Por allá en el año 2012 fue contactado por la ingeniera Lina Segura, hoy día diputada del Valle del Cauca, y lo invitó para que hiciera, parte de un proyecto de inclusión social que lideraba el alcalde José Germán Gómez, la gestora social Anaholena Espejo López y del cual hacia parte Paula Román; hoy considera a los cuatro como ángeles que Dios puso en su camino, pues le dieron valor monetario a una actividad que ejercía de manera voluntaria y se convirtió en la voz audible de los sordos de Tuluá, un oficio que ama y que lo obliga cada día a ser mejor.
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Un mundo complejo
El primer reto para este tulueño de contextura delgada, dedos como de pianista y ojos vivaces fue combatir la exclusión social, pues en un comienzo su figura puesta al frente al lado del alcalde o hablante de turno era una molestia para muchos e incluso algunos productores de televisión que se atrevían a decir que dañaba los encuadres y era toda una odisea lograr una ubicación para poderle contar a los sordos asistentes al escenario lo que les estaban diciendo o lo que ellos querían decir.
Escalando peldaños
La experiencia ganada en Tuluá le permitió conocer a la médica Dilian Francisca Toro, quien creyó en su trabajo y no dudó en sumarlo a su equipo para que le contara a sus electores con discapacidad auditiva lo que ella quería hacer por el Valle del Cauca y de manera especial su política para atender a la población con discapacidad. Hoy considera que su imagen es tan conocida como el de la doctora Dilian, pues lleva varios años a su lado moviendo sus manos y haciendo señas que el 85% del auditorio desconoce, pero que cree saber.
El lenguaje de señas
Se podría decir que el protagonista de esta historia se adentró en el lenguaje de señas por la necesidad de ser el vaso comunicante entre su tío y el resto de la familia, pero desconociendo que es un arte que nació con la humanidad misma, pues se cree que desde la prehistoria ya había quienes intentaban hacerlo y un poco más adelante los sordos eran considerados como simios por su incapacidad para comunicarse hablando.
Lo primero que debió aprender es que los sordos en Colombia no se comunican en español y que lo hacen en inglés, que no conjugan verbos y que no es lo mismo traducirle a un pastuso que a un costeño o a un bogotano que a un vallecaucano e incluso varía de una ciudad a otra en el mismo departamento.
Historias para contar
Una de las anécdotas que más marcaron la vida de este talentoso vallecaucano tiene que ver con un llamado de urgencia para que sirviera de intérprete en un parto, pues se requería que la paciente sorda concediera una autorización para un procedimiento complejo. La escena en sus propias palabras resultó impresionante, pues había sangre y los gritos de la mujer, más la angustia del personal médico, era un conjunto que causaba algo de susto. Por fortuna todo salió bien y mucho después pudo conocer a quien asistió ese día de suma urgencia.
Para Juan David Osorio el personaje más importante al que le ha hecho traducción simultánea es la gobernadora Dilian Francisca Toro, porque además de ser un personaje de talla nacional fue quien le abrió las puertas en la capital para hacer algo que le apasiona, ser la voz de aquellos a quienes la naturaleza les privó de tenerla pero que merecen todo el apoyo y el respaldo de la sociedad en la que aún subsisten algunos visos de marginación y exclusión.